jueves, enero 17, 2008

Una basura que apesta a Camorra y corrupción

Noticia aparecida en el diario GARA


Las montañas de basura acumuladas en las calles de Nápoles y otras localidades de la región de la Campania han destapado un conflicto que Italia arrastra desde hace catorce años y detrás del cual se esconde la mano de la Camorra (la mafia napolitana) y de empresarios y políticos corruptos. Una pésima y turbia gestión de los residuos que ha sido permitida y que ahora sirve para justificar la construcción de al menos tres incineradoras.

por Mirari ISASI

La basura es oro. Así lo dijo a principios de la década de los 90 el ex mafioso Nunzio Perrella, colaborador de la Justicia. Él sabía de qué hablaba. En los últimos quince días, tras el rebrote de la crisis de los residuos en Nápoles y alrededores, cuya mala gestión mantiene en situación de emergencia a la región de la Campania, han quedado en evidencia sus entresijos. Por detrás, asoma la mano de la Camorra (la mafia italiana), pero también de la industria y de los políticos, cuyo silencio, cuando no beneplácito, ha permitido a la Camorra desarrollar este suculento negocio haciendo desaparecer los residuos contaminados de medio mundo, tal y como denuncia el escritor Roberto Saviano.

Dicen que la Campania es actualmente el basurero europeo más grande, y conserva bajo tierra tal cantidad de residuos, que si fuera sacada de sus improvisados depósitos formaría una montaña de 14 kilómetros de alto con una base de tres hectáreas. Esta basura ha sido generada en su gran mayoría por la industria del norte de Italia y de otros países europeos.

El negocio de la basura le proporciona a la Camorra (que hoy día se autodenomina O' Sistema) unos ingresos de mil millones de euros al año, entre los fondos estatales y europeos que llegan a sus manos y el servicio de procesamiento de residuos que ofrece, a precios muy bajos ya que se limita a enterrarlos, incluidos los tóxicos. Además, ahora es probable que acceda a los fondos de la UE por su incineración -considerada una fuente de energía renovable en Italia-, aunque ésta ha abierto un procedimiento por infracción de la normativa europea en materia de gestión de residuos y ha advertido de que bloqueará los fondos de 2008-2013.

Las empresas de la Camorra controlan en la Campania el transporte, la construcción (especialmente, tras el terremoto de 1980), el turismo y la recogida de basuras. Sus canteras fueron utilizadas, tras su agotamiento, como vertederos. Vertederos ilegales, pero no más que los públicos, que tampoco respetaban la normativa medioambiental, según denuncian los ecologistas.

En el caso de las basuras, recogen los residuos, los llevan al lugar de transferencia, a las plantas de tratamiento y a los vertederos, un transporte que genera mucho dinero. Pero, además, conocen las necesidades de antemano, «porque están dentro de las estructuras del sistema», y compran terrenos agrícolas a muy bajo coste para venderlos a las autoridades a precios exagerados.

Cierre de vertederos

El conflicto se remonta a 1994, cuando comenzó el «estado de emergencia», que se ha convertido en permanente. El entonces alcalde de Nápoles y ahora presidente de la Campania, Antonio Borsselino, empezó a cerrar los vertederos privados en manos de la camorra, pero sin plantear una vía alternativa, por lo que en esos años se han estado enviando a Alemania para su quema.

Pero la crisis de estos días en Nápoles tiene su origen en el colapso de los centros para el tratamiento de desechos CDR (combustibles derivados de residuos), donde se recogen y se deberían separar los desperdicios antes de compactarlos en bultos plastificados (ecobalas), cuyo destino es la incineración. El cierre definitivo, por saturación, del depósito de Taverna del Re, donde estaban almacenadas toneladas de ecobalas procedentes de las siete plantas de CDR, el 31 de diciembre, ha sido la puntilla.

Las plantas siguieron trabajando hasta que su capacidad de almacenaje se colapsó. Entonces se cerraron. Toneladas de ecobalas esperan su incineración, pero la Campania no dispone, aún, de una incineradora, a cuya construcción se opone la ciudadanía.

Esta oposición a una nueva y nociva agresión no ha impedido que en Acerra se haya empezado a construir la que será la incineradora más grande de Europa. El proyecto se aprobó en 2000, pero su entonces alcalde, de Refundazione Comunista, impidió su construcción. Su puesta en marcha estaba prevista para finales de 2007, pero la obra ha sido paralizada por los tribunales, debido no a la contestación y movilización popular sino al procesamiento de Bassolino y de la empresa FIBE (filial de FIAT), encargada de la construcción, en relación a la adjudicación. Podría empezar a funcionar en 2009,

Acerra es un pequeño pueblo de una región en la que el sector primario tiene un gran peso, pero cuyos altos niveles de contaminación la están convirtiendo en su tumba. «Aquí se está muriendo todo», alertan, y especialmente en Acerra, donde los niveles de dioxina aconsejarían una evacuación.

Enormes daños

Además de haber supuesto el envenenamiento de aguas y alimentos y riesgo de epidemias, sus repercusiones directas sobre la salud son alarmantes. Según un informe de la organización Mundial de la Salud (OMS), las posibilidades de morir de determinados tipos de tumores son doce veces superiores en esta región que en resto del país. En las zonas donde hay o ha habido vertederos, el riesgo de parir bebés con malformaciones se dispara hasta el 83%. Son estos datos los que llevan al movimiento ecologista de la Campania a asegurar que las basuras convertidas en ecobalas no han sido tratadas y que en los vertederos se han depositado, además de residuos orgánicos e industriales sin tratar, desechos militares y radioactivos.

Tras catorce años y un gasto de dos millardos de dinero público, la región continúa buscando una solución, que no se hallará, en la instalación de nuevos vertederos, en la apertura de otros ya clausurados, como el de Pianura, o en la construcción de tres plantas incineradoras. La población se opone, quiere soluciones integrales y defiende, como única alternativa, la recogida selectiva de residuos y el impulso de políticas que incentiven la producción ecosostenible y reciclable.

La arquitecta y ecologista italiana Sabina Ladada es categórica cuando subraya que la necesidad del tratamiento de residuos industriales, que «antes era ilegal y ahora se consiente por ley, se creó ficticiamente en la región, con el pretexto de impulsar su economía», y añade que la actual crisis es una «crisis premeditada» con el objetivo de imponer la construcción de incineradoras.

Pianura, símbolo de la resistencia ante los planes de las autoridades

Los habitantes del periférico barrio napolitano de Pianura se encuentran en pie de guerra desde hace más de una semana y resisten ante los planes de las autoridades de reabrir el antiguo vertedero, cerrado hace once años. Esa decisión ha dado lugar a una de las principales razones de esta revuelta ciudadana.

Las carreteras de acceso al barrio están cortadas y en sus calles se observan contenedores volcados y autobuses públicos cruzados, y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se han repetido estos días. Día y noche, centenares de personas montan guardia frente al antiguo vertedero, porque no están dispuestos a aceptar una decisión «absurda» que no va a servir para cerrar la crisis más allá de retirar las basuras de las calles, una solución ficticia.

Pianura es un barrio dormitorio de Nápoles, capital de Campania, que ha crecido sin ninguna planificación y cuyo recurso siempre ha sido el vertedero. Hasta su clausura hace once años estuvo 43 en funcionamiento en manos de una empresa privada.

Se trata de un cráter volcánico, incluido ahora en un parque regional y bajo el cual todavía persiste actividad volcánica, que fue llenado y saturado con residuos y sobre el que ahora se levanta una auténtica montaña de residuos. Ésta se cubrió con un metro de tierra vegetal, una tierra muerta, con hierba de un color muy raro y en la que no crecen los árboles. Durante estos once años, la altura de esta montaña de basura se ha reducido 18 metros, debido a la fermentación de los residuos y la salida de los gases.

Cuando el cráter volcánico fue tapado, los gases del subsuelo, que tenían que buscar otra salida, quemaron la vegetación de una reserva natural contigua, por lo que se abrió una boca junto al vertedero para facilitar la salida de esos gases producidos por la actividad volcánica. Con la reapertura del vertedero lo que las autoridades pretenden ahora es el vertido de residuos en esa boca.

La arquitecta Sabina Ladada recuerda, además, que las propias medidas del Gobierno de Roma para hacer frente a la emergencia en Campania afirman que no se puede instalar un vertedero en terreno volcánico donde aún hay actividad e incide en el peligro de los residuos que se vertieron allí y que están haciendo mella en la salud de sus habitantes. «Gente que trabajaba allí cuenta que poco antes de su clausura llegaron contenedores amarillos, por cuyo enterramiento se pagaba 21.000 euros, y se sospecha que también se enterraron escorias nucleares de la vieja central cercana a Caserta». M.I.



jueves, enero 10, 2008

Oposición a la incineración de basuras en la cementera de Toral de los Vados

La noticia en Bierzo Digital

Acto de protesta promovido por Ecologistas en Acción, tendrá lugar este sábado, 12 de enero, a las 17:00 horas en los accesos de entrada a la instalación. Para el colectivo ecologista, la incineración "es la forma más insostenible y peligrosa de tratar los residuos".

[TEXTO COMPLETO]

Según se apunta desde Ecologistas en Acción, "la comisión provincial de la Junta de Castilla y León ha dado luz verde a la primera incineradora de residuos en la provincia, la cementera de Cosmos en Toral de los Vados. El jueves 29 de noviembre, la Comisión Territorial de Prevención Ambiental de la Junta de Castilla y León, en la que Ecologistas en Acción participa como miembro de pleno derecho, aprobó la resolución de la autorización ambiental integrada AAI de la cementera Cosmos, permitiendo el uso de residuos como combustibles alternativos en sus hornos de cemento".

Con este proyecto, añade el colectivo ecologista, "la cementera Cosmos se convertirá en la primera incineradora de residuos que opere en nuestra provincia, con capacidad para quemar en sus hornos de cemento 33.000 toneladas anuales de distintas basuras, en sustitución parcial del coque de petróleo. Concretamente se prevé la valorización energética (o incineración) de neumáticos, plásticos, harinas y grasas animales, lodos de depuradora, envases procendentes de RSU (residuos sólidos urbanos) papel, cartón y biomasa en distintos porcentajes".

Para Ecologistas en Acción, "la incineración es la forma más insostenible y peligrosa de tratar los residuos, puesto que no se eliminan, sólo son trasladados y dispersados, liberando a la atmósfera nuevas sustancias resultantes de la combustión, bien a través de las cenizas o en forma de gases. Son compuestos especialmente preocupantes, debido a sus efectos potenciales sobre la salud humana y el medio ambiente, son los compuestos que contienen azufre, nitrógeno, halógenos como el cloro, y metales tóxicos; y en especial los compuestos: CO, NOx, SOx, ClH, Cadmio, Plomo, Mercurio, Cromo, Arsénico, Berilio, dioxinas y furanos, PCB y PCT e hidrocarburos aromáticos policíclicos".

Añade el colectivo que "las emisiones de los contaminantes resultantes de la incineración, contendrán diferentes elementos y compuestos nocivos y peligrosos para el medio ambiente y la salud humana. Algunos de estos contaminantes son bioacumulativos, es decir, se almacenan sin degradarse en los organismos vivos y penetran en el ser humano a través de la cadenas tróficas, de manera que aunque se cumplieran los límites de emisiones previstos por la legislación, eso no impediría la exposición de los habitantes de nuestra comarca y de los trabajadores de la planta, a riesgos, que de acuerdo con el Principio de Precaución aceptado en el Tratado de Ámsterdam, constitutivo de la actual Unión Europea, no debemos asumir".

Por otra parte, según señala Ecologistas en Acción, "en el Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs) firmado el 23 de mayo de 2001, se llegó a un acuerdo mundial para reducir la emisión de dioxinas, con la intención última de su eliminación. La incineración se enumeró como una de las principales fuentes industriales de estos compuestos, que se debería sustituir por sistemas alternativos".

Desde Ecologistas en Acción "consideramos que la ciudadanía berciana tiene derecho a estar informada de los riesgos que supone la incineración, y este es uno de los objetivos que perseguimos con la difusión de este comunicado, nuestro segundo objetivo es tratar de conseguir a través de esta primera movilización, generar un amplio debate social, sobre las consecuencias que tendría para los habitantes, para el medio ambiente de nuestra comarca, y para nuestra economía, permitir la incineración de basuras. Es del todo incompatible pensar en promover y poner en valor nuestro patrimonio natural y el turismo rural, el sector agroalimentario y sus productos con denominación de origen, con la puesta en funcionamiento de una fuente contaminante de sustancias toxicas, que incidirá directamente sobre la calidad de nuestro producto. Confiamos que toda la ciudadanía de nuestra comarca, que directa o indirectamente va a estar afectada, y las instituciones que nos representan, sepamos responder, al igual que los han sabido hacer contra las pretensiones de esta misma empresa, en Córdoba, y en Sarriá, donde desde la presión social ejercida por los ciudadanía, sus asociaciones y la colaboración de las instituciones han conseguido paralizar sendos proyectos.
Ahora nos toca a nosotros y nosotras decir: no la incineración en Toral. Con la salud no se juega".

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¿Por qué no a la incineración según Ecologistas en Acción?
Los altos niveles de basura que genera la población han llevado a un colapso de los sistemas tradicionales de disposición de residuos, como ser los rellenos sanitarios. Ante la falta de espacio para construir nuevos basureros y ante las deficiencias que han presentado muchos rellenos existentes, se promueve quemar la basura como la “solución” al problema. Sin embargo, la incineración de residuos origina nuevos problemas ambientales y sanitarios, desincentiva la minimización de la generación de residuos, y es incompatible con programas de recuperación, reciclaje y compostaje que valoricen los materiales descartados por la población.
Negocio verde

La incineración de residuos comenzó en EE.UU. y Europa Occidental en las décadas del ‘50 y el ‘60. La difusión pública de las evidencias científicas vinculadas a los impactos reales y potenciales de esta tecnología despertó la oposición de ciudadanos y organizaciones que comenzaron a movilizarse para evitar su instalación. Estas movilizaciones lograron detener una mayor expansión de este tipo de industrias en América del Norte y Europa. Frente a este obstáculo y favorecida por las normativas existentes, la industria de la incineración vio en América Latina, Europa del Este y Asia atractivos mercados para colocar su producto.

La “solución” se vuelve un problema: emisiones y efectos en la salud y el ambiente.
La incineración de residuos libera al medio ambiente contaminantes sumamente tóxicos. Las emisiones se dan en forma gaseosa (a través de los gases de chimenea y de emisiones fugitivas), líquida (efluentes de los dispositivos de lavado de gases) y sólida (cenizas y filtros).

Las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los gases de las chimeneas pero en la práctica el mismo se reduce a unas pocas sustancias. En el caso de las dioxinas, si bien actualmente existen dispositivos para hacer monitoreo continuo, el proceso es tan costoso que solo se realiza en un ínfimo número de países desarrollados. En algunos países se requiere tomar muestras esporádicas de las emisiones y someterlas a análisis altamente costosos para conocer su contenido de dioxinas, pero difícilmente éstas sean muestras representativas sobre el funcionamiento de los incineradores ya que se toman en condiciones de operación óptimas y con preaviso. Por otra parte, muchos países ni siquiera disponen de laboratorios a escala real para medir concentración de dioxinas.

Entre los contaminantes tóxicos emitidos por los incineradores se encuentran dioxinas y furanos, metales pesados tales como plomo, cadmio y mercurio, gases de efecto invernadero, gases ácidos y partículas ultra finas.

Dioxinas
Dioxinas es el nombre que se da a un grupo de compuestos con estructura química similar. Son compuestos que se producen involuntariamente en los procesos de combustión que involucran el cloro. Este grupo abarca a las dibenzo-p-dioxinas policloradas, furanos, bifenilos policlorados (PCBs), y otros compuestos clorados.

Las dioxinas son Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs). Son sustancias sumamente tóxicas aún en muy bajas concentraciones, persisten en el medio ambiente por períodos prolongados sin degradarse, se concentran en los tejidos grasos de los organismos vivos, se van acumulando a medida que asciende la cadena alimentaria (proceso llamado biomagnificación), y se transmiten de la madre al bebe durante la gestación o la lactancia. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. ha concluido que la fuente más importante de exposición a las dioxinas es la alimentación.

Por otra parte, estos compuestos pueden ser fácilmente transportados tanto por agua como por aire, desde la incineradora que le dio origen a puntos muy alejados.

Las dioxinas son causantes de una variedad de problemas en la salud, incluyendo malformaciones congénitas, desarrollo anormal del feto, alteraciones en el sistema inmunológico y en el sistema hormonal, desórdenes en el comportamiento, aumento en la incidencia de diabetes, retraso en el desarrollo, y cáncer. La más tóxica de las dioxinas (2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina) ha sido clasificada como “cancerígeno humano cierto” por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud.

Metales pesados
Los metales pesados presentes en los materiales que ingresan al incinerador no se destruyen en el proceso de incineración, sino que son liberados íntegramente a través de sus efluentes. Entre los metales pesados emitidos al medio ambiente durante el proceso de incineración se encuentran el cadmio, plomo, mercurio, titanio, cromo, manganeso, hierro, bario, cobre, zinc, estroncio y estaño.

Los metales pesados generan una serie de daños a la salud de los seres vivos, incluyendo disfunciones neurológicas, alteraciones en el sistema inmunológico, malformaciones congénitas, problemas en los riñones y los pulmones.

Mercurio
La incineración de residuos es una importante fuente de emisión de mercurio al medio ambiente. El mercurio es bioacumulativo, y produce daños en el organismo a dosis muy bajas. Ataca el sistema nervioso central, puede dañar los riñones y los pulmones, y puede atravesar la placenta y la barrera hematoencefálica.

Partículas ultra finas
Entre las partículas que la incineración libera a la atmósfera se encuentran las partículas ultra finas, que por su ínfimo tamaño no son capturadas por los equipos de control de la contaminación. Son por ende liberadas a la atmósfera, donde pueden permanecer por períodos prolongados, e ingresan fácilmente al organismo ya que tampoco son filtradas por los mecanismos naturales del cuerpo.

Estas partículas transportan metales pesados, dioxinas y compuestos similares. Algunos metales pesados, al ser liberados en forma de partículas ultra finas, adquieren mayor potencial de daño ambiental y sanitario que el que tenían en la masa original de residuos.

Las partículas ultra finas han sido relacionadas con una variedad de problemas en la salud, incluyendo asma, problemas en el funcionamiento de los pulmones y problemas cardíacos.

Otros contaminantes
La incineración de residuos también contribuye en las emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono.

También emite gases ácidos, como óxidos de azufre y dióxido de nitrógeno, entre otros. Estos gases son precursores de la lluvia ácida y tienen una variedad de efectos en la salud, provocando especialmente problemas respiratorios.

Además de las dioxinas y furanos, los incineradores emiten otros COPs tales como los bifenilos policlorados, bencenos clorados y naftalenos policlorados, y otros compuestos como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) y compuestos orgánicos volátiles (VOC). Todas estas sustancias son altamente tóxicas, y causantes de una variedad de problemas a la salud.

Estos son sólo algunos de los compuestos que han sido identificados en las emisiones de los incineradores. Sin embargo, quedan muchos más por identificar, y por definir qué impactos tienen sobre el medio ambiente y la salud de la población.

Control de la contaminación: Misión imposible
Además de provocar la emisión al ambiente de compuestos peligrosos, la tecnología de la incineración no destruye jamás el 100% de los residuos. Parte de ellos son emitidos al ambiente intactos. Además, algunos de los residuos que ingresan a un incinerador son muy volátiles y se escapan a la atmósfera durante su almacenamiento, transporte y manejo rutinario.

El transporte de los residuos peligrosos desde las industrias a los incineradores incrementa las probabilidades de accidentes durante su traslado. Un accidente en un camión que transporta desechos peligrosos podría tener consecuencias sumamente graves.

Las empresas de incineración aseguran un monitoreo continuo de los gases de las chimeneas pero omiten decir que las dioxinas no pueden ser monitoreadas continuamente. Apenas se puede -y de manera esporádica- tomar muestras de las emisiones y someterlas a análisis altamente costosos para conocer su contenido de dioxinas. Por otra parte, muchos países ni siquiera disponen de laboratorios a escala real para medir concentración de dioxinas.

Aún así, tampoco se ejerce control sobre el destino de las contaminantes cenizas que se generan por la incineración de los residuos.

Plantas de “recuperación de energía”: maquillaje para la industria incineradora
Ante el desprestigio que sufre actualmente la industria incineradora, se ha tornado imperante para los promotores de la incineración buscar la manera de re-etiquetar a su tecnología de manera que se diferencie de las sucias plantas de quema masiva.

La estrategia adoptada por la industria incineradora ha sido promover cada vez más las llamadas plantas de “recuperación de energía”, como un método de “valorización” de los residuos a través de la recuperación de la energía que se produce durante la combustión. Entre estas plantas de “recuperación de energía” se encuentran la gasificación, la pirólisis, el tratamiento por arco de plasma y las plantas de co-generación, entre otros.

Sin embargo, la premisa de que se “recupera” energía en estos sistemas de tratamiento es una falacia si se toma en consideración el ciclo de vida de los materiales. La energía que se recupera en este tipo de plantas es mucho menor a la que se necesita para producir los materiales que se destruyen. Al finalizar el proceso, los materiales tratados por estos procesos son inservibles, y se necesita extraer materiales vírgenes para reemplazar esos productos. La energía necesaria para producir esos productos con materiales vírgenes supera ampliamente a la energía que esas plantas recuperan.

El verdadero ahorro de energía se da cuando se aprovechan esos materiales a través de la reparación, la reutilización, el reciclaje, el compostaje, etc.

Por otra parte, las plantas de “recuperación de energía” emiten al medio ambiente los mismos contaminantes que la incineración, por lo que son también un problema para el medio ambiente y la salud de la población.