domingo, diciembre 09, 2007

Artículo de Pablo García (UCE)

Publicado en el diario El Comercio 6/12/2007

Por motivos dispares, quemar residuos parece ser una tentación irrefrenable para algunos.

Para unos porque es un apetecible negocio, para otros porque se piensa que así los residuos 'desaparecen' o porque también se cree que la tecnología garantiza cero emisiones a la atmósfera y cero asimismo en producción de escorias y cenizas. Todo menos apostar con coherencia por el siempre invocado -y ya suficientemente maleado- principio del desarrollo sostenible.

Por eso, cuando algún sindicalista se muestra permeable a la posibilidad de que se incineren residuos en las cementeras -eso si, matizando que siempre que se tomen medidas correctoras-, uno no deja de ver en ello una notable incongruencia con los principios ambientales y una postura gregaria de la seguida por la industria.

Como si no hubiese suficientes evidencias acerca de que lo que caracteriza la política ambiental en relación con la industria es su déficit de implementación, que durante años muchas empresas han venido tratando el aire como un vertedero y aún lo siguen haciendo.

Todos tenemos bien cercanas las diversas instalaciones térmicas, químicas, cementeras o siderúrgicas, cuyas emisiones contaminantes son una prueba del fracaso y la despreocupación por la protección ambiental. Y si alguna mejora se ha venido produciendo, ha sido más por imperativo de las políticas ambientales derivadas de nuestra pertenencia a la Unión Europea, que por las estrategias de lucha contra la contaminación impulsadas desde el ámbito de las administraciones regional o local. Que, dicho sea de paso, si por algo se han caracterizado ha sido por su vaguedad, imprecisión e ineficacia. Con este bagaje, ¿como para fiarse estamos!

No nos cansaremos de decir que con la incineración de residuos no se soluciona ningún problema, sino que se generan otros nuevos; puesto que no elimina la contaminación sino que la traslada de medio potenciándola. La forma de gestionar de una manera sostenible los inevitables residuos que se generan, no es otra que la conocida triada de reducirlos, reutilizarlos y reciclarlos.

A veces, se tiene la impresión de que estos asuntos nunca se toman con la seriedad y el rigor que deberían exigir. Y lo cierto es que urge. ¿Ya es hora de olvidarse de la incineración!