viernes, marzo 31, 2006

Próxima Reunión del Conceyu

La proxima reunion del Conceyu va ser el proximo jueves 6 a las 19 horas en los locales de Ecoloxistes n'Acción en Xixón en la calle San Ignacio

miércoles, marzo 22, 2006

Artículo de opinión en el Diario Vasco

«Si tan buena es la incineración de las basuras, ¿por qué presentarla como el último eslabón y el último recurso de la gestión de residuos? ¿Por qué insistir en reciclar y compostar si sería más fácil quemar todo?»
JOSÉ CRUZ RUIZ VILLANDIEGO / MÉDICO
PORTAVOZ DE LA COMISIÓN DE MÉDICOS CONTRA LA INCINERADORA

Estos meses, cada vez que alguien opinaba o hablaba en contra de las incineradoras ha tenido que oír y soportar repetidamente que todos teníamos que estar callados porque había que dejar este tema para los expertos y los profesionales. Daba igual que un ingeniero hablara de técnicas alternativas o que un médico hablara de riesgos para la salud evidenciados en la bibliografía científica, o que un alcalde defendiera métodos más sostenibles y aceptables para sus vecinos. Daba todo igual porque los expertos son ellos, porque los técnicos y profesionales en residuos son ellos... Expertos y técnicos en llevar camiones a un vertedero, sin más ¿De qué dicen que son profesionales ahora si han andado buscando sabios por ahí fuera que, después de cobrar, desaparecían sin haber sabido ni dónde estaba Aritzeta o Txingudi? Y últimamente, para más colmo, esos nuestros técnicos expertos han tratado de hacernos pensar que los olores de San Marcos son fruto de que Odón Elorza no quiere poner una incineradora en San Sebastián.

La ausencia de alternativas al PIGRUG era uno de los principales argumentos que llevaban como bandera la sección incineradora de nuestros políticos y gerentes de mancomunidades, era la razón primera de su exclusiva capacidad profesional y el motivo natural de todo tipo de descalificaciones para los que se oponían a sus proyectos. De hecho era muy habitual terminar cualquier pleno de Ayuntamiento, entrevista o programa de televisión con el reproche de que no hay otras alternativas para Guipúzcoa.

Pero ahora ya no hay solo un PIGRUG, hay varios. Además de las reiteradas propuestas del alcalde de San Sebastián para hacer ver a la Diputación que la solución de las basuras no pasa inevitablemente por una incineradora, también hace poco más de dos meses se presentó un nuevo plan de residuos para toda Guipúzcoa. Propuestas y alternativas que no tienen nada que ver con la incineración. Todas hablan de Guipúzcoa, el mismo territorio para unos y para otros, con los mismos problemas orográficos y de densidad de población, pero cambia la forma de verlo más habitable ahora y cómo queremos dejarlo a las generaciones venideras.

Nuestros políticos y técnicos han estado tan colmatados de experiencia y de conocimientos que se permitían frases y sentencias como la del señor Oyarbide, diputado de desarrollo sostenible, este mismo mes de diciembre refiriéndose al crítico informe del Ararteko: « en la oficina del Ararteko hay buenos juristas pero no técnicos en residuos » y así, tan simplemente, nos daba a entender que los técnicos de su departamento están por encima de la ley y su gestión puede superponerse a cualquier norma o derecho nacional o comunitario. De la Mancomunidad de Txingudi hay varias frases memorables. Como la del presidente de esta Mancomunidad, el alcalde de Irún, que, después de un viaje de visitas a incineradoras, nos tranquilizaba a todos porque él sabía que por la chimenea « prácticamente solo sale vapor de agua...» Lo triste de estas tonterías es que el coste de esa incineradora, de sus campañas, viajes y abogados las pagan todos los ciudadanos de Irún y Hondarribia que, especialmente, ya han demostrado en consultas populares, encuestas de Diputación, manifestaciones, firmas y alegaciones que más del 82% están en contra de ese proyecto de Incineradora que además redondeará el negocio quemando basuras de Francia.

El problema de muchos de esos expertos y de muchos políticos de nuestro territorio es que no solo no saben nada de alternativas sino que además nos han demostrado que de incineradoras saben muy poco.

Reflexionemos: si tan buena es la Incineración de las basuras, ¿por qué presentarla como el último eslabón y el último recurso de la gestión de los residuos? ¿Por qué insistir en reciclar y compostar si sería más sencillo quemar todo?: simplificamos la vida con una sola bolsa y la Mancomunidad solo necesita un contenedor y un modelo de camiones para llevar la basura. Más trabajo y empleos en el sector secundario y terciario de la producción. Más riqueza, más consumo. Todo, dicen, es bueno en el mundo de la incineración y lo único tóxico que reconocen son las cenizas, aunque ya insinúan que alguien las utilizará para hacer bonitas carreteras... Pero vamos a ver, si todo son ventajas con las incineradoras, ¿por qué nadie ni ningún país se plantea como opción única y definitiva la incineración? Y si no hay riesgos ¿por qué nos anuncian controles y análisis a la población cercana? ¿Por qué tanta normativa específica para esta industria? ¿Por qué la OMS, en el 2003, afirma que es un riesgo de cáncer vivir cerca de incineradoras? ¿Por qué en el 2005, también la Organización Mundial de la Salud (OMS), propone proyectos de gestión de residuos sin incineración? Hace tiempo habrían acabado con la oposición de médicos y de cualquier movimiento ecologista si tantas evidencias y tan seguros estuvieran de esa moderna tecnología.

En la gestión de la basura hay métodos que no se deberían mencionar ni insinuar, de la misma manera que en educación nadie propondría en nuestros días el castigo físico como sistema de enseñanza, ni se aceptaría la pena de muerte o la tortura como forma de hacer justicia. En la gestión de los residuos no se debería, en nuestro siglo, mencionar la palabra incineración.

Así pues, busquemos la mejor solución y no creemos un nuevo problema.

sábado, marzo 18, 2006

Incineración y salud infantil

11 COMISIÓN DE MÉDICOS Y PROFESIONALES DE LA SALUD

16 de marzo de 2006

Los niños escolarizados próximos a incineradoras padecen mayor incidencia de dolores de cabeza y estómago, mayor frecuencia de fatiga y de disnea respiratoria

Ejerciendo la responsabilidad que asumimos cuando nos constituimos como grupo de estudio en la defensa de la salud ante el proyecto de instalar una incineradora en nuestra Comarca. Hemos continuado con la revisión y estudio de los numerosos artículos y trabajos de la bibliografía médica, publicados mayoritariamente desde el año 2001 hasta hoy. Una información que se nos está sustrayendo desde algunas instancias oficiales.

En Abril de 2004 hicimos público el manifiesto firmado por mas de 500 profesionales de la salud (médicos de familia, especialistas, jefes de Servicio, ATS, técnicos sanitarios).

Hemos destacado siempre que una de las características de la toxicidad de las emisiones de las incineradoras es su forma bioacumulativa y la diversidad de elementos peligrosos. Las patologías más llamativas aparecen al cabo de los años. Así se ha venido demostrando continuamente desde los años 50, con trabajos y estudios que aparecen 20 o 30 años después, publicados periódicamente desde los años 90.

UN MOTIVO MÁS DE ALERTA

Hoy queremos hacer llegar a la dirección, al claustro y a las asociaciones de padres de los colegios de nuestra comarca uno de estos documentos, de Diciembre de 2005, por la importancia de la revista, la metodológica y el especial énfasis en los términos proximidad y niños (ellos serán los que más tiempo convivan con esa planta) que siguen dando razones para oponerse de forma contundente a este tipo de industrias.

En este estudio del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Osaka, publicado por el European Journal of Epidemiology se demuestra que los niños escolarizados próximos a Incineradoras (EN UN AREA DE 4 KM) padecen mayor incidencia de dolores de cabeza y estómago, mayor frecuencia de fatiga y de disnea respiratoria.

viernes, marzo 03, 2006

Moción IUCA sobre la Incineradora

Los concejales del grupo municipal de la Unión Independiente de Carreño presentan, para su debate y posterior votación por el Pleno municipal la siguiente

MOCIÓN

Ante las noticias aparecidas en la prensa regional relativas a la inclusión de una partida de tres millones de euros en los presupuestos de Cogersa, para el desarrollo de una nueva planta incineradora.

Ante el paso atrás que supone tal iniciativa en las políticas de reciclaje.

Ante los elevados riesgos para la salud pública que implica esta infraestructura

Por el foco de contaminación ambiental que representa.

Porque implica una evidente regresión en el necesario y pretendido desarrollo sostenible.

Porque la contradicción de invertir fondos públicos para potenciar las políticas de recogida selectiva y de educación ambiental y esta
actuación, suponen un cinismo político y un fraude a la sociedad.

Por todo ello proponemos al pleno del ayuntamiento de Carreño prohíba a Cogersa incinerar los residuos urbanos generados y recogidos en su término municipal y exija al consorcio que abandone el proyecto de construcción de la incineradora de residuos.

UNIÓN INDEPENDIENTE DE CARREÑO

Grupo municipal

La incineración de residuos y los riesgos para la salud pública

Félix Payo Losa, Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias.
Aparece en la Nueva España 28-2-06 en Opinion

Las dioxinas son unos compuestos orgánicos que se producen en la naturaleza durante el proceso de combustión de la materia orgánica. Pertenecen a la familia de los compuestos órgano. Los bifenoles policlorados son de la misma familia. Tan solo 17 de las 210 dioxinas existentes son tóxicas. También se producen en erupciones volcánicas, en los fuegos y en la fabricación de productos químicos, plaguicidas, fungicidas, herbicidas (el agente naranja, usado como defoliante por el Ejército de los EE UU en Vietnam) entre otros procesos.

Una importante característica de estos compuestos es su estabilidad en el medio ambiente: permanecen inalteradas en agua y en el suelo durante décadas. Al ser también solubles en grasas se acumulan en el tejido adiposo, manteniéndose por largos periodos de tiempo, pudiendo bioacumularse en la cadena alimentaría animal y humana durante más de 14 años.

Las incineradoras son la principal fuente de dioxinas en todo el planeta, según miembros del Comité Científico de la Dirección General de Salud de la Unión Europea. La incineración de productos orgánicos produce dioxinas, furanos y otros compuestos, que junto a los derivados de diferentes actividades industriales forman una familia de sustancias conocidas como Contaminantes Orgánicos Tóxicos Persistentes y por sus siglas COTP. Doce de estas sustancias son consideradas de gran peligro por su potencial efecto tóxico para los seres vivos, no solo humanos y son: aldrin, clordano, dieldrina, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex, toxafeno, policloro bifenoles, DDT, furanos y dioxinas. Los peligros de esta «docena sucia» han motivado a la Convención de las Naciones Unidas sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes a crear el Convenio de Estocolmo -22 de mayo de 201- en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con el objeto de ordenar la eliminación del planeta de los 12 contaminantes,. El convenio fue firmado por España y posteriormente ratificado el 28 de mayo de 2004. El Convenio de Estocolmo está en vigor desde el pasado 17 d mayo de 2005.

Para la comunidad científica la acusada toxicidad de las dioxinas es un hecho indiscutible, particularmente en relación con los seres humanos. En 1997, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), clasifico a las dioxinas como potentes carcinógenos tipo I. Esta clasificación se basó en una limitada evidencia en humanos, en una suficiente evidencia en animales y en una exhaustiva información sobre los mecanismos bioquímicos por los que estas sustancias producen cáncer en humanos y en animales. La limitada evidencia venía justificada por la falta casi general de datos sobre emisiones de dioxinas, sobre el escaso conocimiento de la presencia de estas sustancias en los alimentos, teniendo en cuenta que estas cantidades son siempre muy pequeñas y difícil y caras de cuantificar. Estudios posteriores realizados por Manolis Kogevinas, del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, han aportado nuevas investigaciones basadas en estudios toxicológicos y de dosis-respuesta, clasificando como evidente el efecto carcinogénico de las dioxinas sobre los seres humanos expuestos a bajas dosis.

Otros estudios publicados en el Journal of Epidemiology and Community Heath en 2003, han mostrado un exceso de riesgo de tener hijos con malformaciones congénitas, o nacidos muertos de madres que viven en las inmediaciones de incineradoras. Los resultados se basan en un análisis de nacimientos que tuvieron lugar en la región de Cumbria, en el noroeste de Inglaterra, entre 1956 y 1993. La cercanía a las incineradoras se asociaba a incrementos en los nacidos con espina bífida, defectos cardiacos congénitos y anencefália. Los efectos de bajas dosis de dioxinas mantenidas a largo plazo también provocan alteraciones de la función de las hormonas sexuales, de la inmunidad, efectos teratógenicos y de la maduración. Ha sido descrito el mecanismo por el que las dioxinas actuarían en el organismo a nivel intracelular (receptores Ahr).

Es preciso conocer que los efectos de las dioxinas sobre la salud son insidiosos a largo plazo y la demostración de la existencia causa-efecto necesita estudios epidemiológicos rigurosos y complejos que pueden requerir varias generaciones. Este hecho facilita la divulgación de ideas que ponen en duda la gravedad de la toxicidad de las dioxinas. Una de las falacias más comunes es que las incineradoras modernas no producen dioxinas. Se propone que la incineradora de Viena, famosa por el turismo de incineradora que protagoniza, no produce dioxinas. Nada mas lejos de ser cierto. Por la información publicada de datos oficiales, la incineradora de Viena produce dioxinas en una cantidad de 10,973 gramos / año. Debido a su sistema de filtros, la mayor concentración aparece en las cenizas. La importancia de estos residuos es grande teniendo en cuenta que las dioxinas son compuestos estables y acumulativos y que de esas características se deriva en gran medida su toxicidad. También es de recordar que el Convenio de Estocolmo es un acuerdo internacional para la eliminar la producción de este tipo de compuestos. Sin duda, gran parte de la información que ha reflejado la prensa en torno a lo saludable de la incineradora de Viena elude uno de los problemas mas importantes en el proceso de incineración: los residuos generados. Estos residuos son muy ricos en dioxinas, furanos y otros contaminantes estables, así como en metales pesados. La eliminación de estos residuos altamente peligros para la salud y el medio ambiente no esta bien resuelta.

Ejemplo mas cercano de incineradora moderna, inaugurada en 1996, es la de Valdemingómez, en Madrid, objeto de una querella de la Fiscalía de Medio Ambiente y que en el año 2001 hubo de ser paralizada temporalmente por la alta emisión de gases y un incremento de 15 veces los niveles de dioxinas y furanos permitidos. No solo es falsa la idea de que las incineradoras modernas son inocuas, sino que el control que requiere el proceso y el gasto que supone deben ser seriamente considerados.

Dado que las dioxinas y furanos que se producen en los procesos de incineración son contaminantes estables y persistentes y que al no eliminarse tienden a acumularse y a generar toxicidad con dosis bajas, el concepto de niveles de seguridad carece de sentido. No hay niveles que puedan ser considerados como seguros. El 80% de las dioxinas que nos afectas son consumidas en productos de origen animal como parte de la cadena alimenticia. La Unión Europea establece, como orientación para consumo humano, no rebasar cantidades de dioxinas de 1 picogramo (billonésima parte de un gramo) por kilo de peso corporal al día. Esta forma de medir la cantidad de dioxinas, en términos de consumo diario, o semanal, señala el importante riesgo de acumulación.

Además de los efectos para la especie humana que generan los deshechos de las incineradoras, también son considerables los efectos para el medio ambiente. La producción de CO2 y de gases del efecto invernadero provocan un conflicto con el tratado de Kioto. La eliminación de partículas finas a la atmósfera, de menos de 2,5 micras en cantidades importantes puede provocar efectos sobre la salud de colectividades humanas en un amplio radio de acción.

Las incineradoras no pueden ser la alternativa al importante y complejo problema de la gestión integral de residuos. No es posible, en este marco, hacer un planteamiento alternativo riguroso, pero el problema de la gestión de residuos y cenizas de muy alto poder contaminante y los efectos sobre la contaminación atmosférica obligan a pensar alternativas. Es necesaria la implicación en este debate de técnicos en ingeniería medioambiental.

Mas de 1200 científicos, profesionales de la salud y del medio ambiente y de la enseñanza, de diversas instituciones europeas, de la Unión Europea y de la Organización de Naciones Unidas, sin intereses en las grandes inversiones que las incineradoras conllevan, se han pronunciado sin ninguna ambigüedad acerca de los efectos nocivos de las incineradoras sobre el medio ambiente y sobre la mortalidad y morbilidad poblacional, presionando a los gobiernos y exigiendo el cumplimiento del los compromisos firmados en el Convenio de Estocolmo. Hay soluciones alternativas, pero requieren la voluntad industrial y política de acometerlas.

La incineración de residuos y los riesgos para la salud pública

Félix Payo Losa, Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias.
Aparece en la Nueva España 28-2-06 en Opinion

Las dioxinas son unos compuestos orgánicos que se producen en la naturaleza durante el proceso de combustión de la materia orgánica. Pertenecen a la familia de los compuestos órgano. Los bifenoles policlorados son de la misma familia. Tan solo 17 de las 210 dioxinas existentes son tóxicas. También se producen en erupciones volcánicas, en los fuegos y en la fabricación de productos químicos, plaguicidas, fungicidas, herbicidas (el agente naranja, usado como defoliante por el Ejército de los EE UU en Vietnam) entre otros procesos.

Una importante característica de estos compuestos es su estabilidad en el medio ambiente: permanecen inalteradas en agua y en el suelo durante décadas. Al ser también solubles en grasas se acumulan en el tejido adiposo, manteniéndose por largos periodos de tiempo, pudiendo bioacumularse en la cadena alimentaría animal y humana durante más de 14 años.

Las incineradoras son la principal fuente de dioxinas en todo el planeta, según miembros del Comité Científico de la Dirección General de Salud de la Unión Europea. La incineración de productos orgánicos produce dioxinas, furanos y otros compuestos, que junto a los derivados de diferentes actividades industriales forman una familia de sustancias conocidas como Contaminantes Orgánicos Tóxicos Persistentes y por sus siglas COTP. Doce de estas sustancias son consideradas de gran peligro por su potencial efecto tóxico para los seres vivos, no solo humanos y son: aldrin, clordano, dieldrina, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex, toxafeno, policloro bifenoles, DDT, furanos y dioxinas. Los peligros de esta «docena sucia» han motivado a la Convención de las Naciones Unidas sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes a crear el Convenio de Estocolmo -22 de mayo de 201- en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con el objeto de ordenar la eliminación del planeta de los 12 contaminantes,. El convenio fue firmado por España y posteriormente ratificado el 28 de mayo de 2004. El Convenio de Estocolmo está en vigor desde el pasado 17 d mayo de 2005.

Para la comunidad científica la acusada toxicidad de las dioxinas es un hecho indiscutible, particularmente en relación con los seres humanos. En 1997, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), clasifico a las dioxinas como potentes carcinógenos tipo I. Esta clasificación se basó en una limitada evidencia en humanos, en una suficiente evidencia en animales y en una exhaustiva información sobre los mecanismos bioquímicos por los que estas sustancias producen cáncer en humanos y en animales. La limitada evidencia venía justificada por la falta casi general de datos sobre emisiones de dioxinas, sobre el escaso conocimiento de la presencia de estas sustancias en los alimentos, teniendo en cuenta que estas cantidades son siempre muy pequeñas y difícil y caras de cuantificar. Estudios posteriores realizados por Manolis Kogevinas, del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, han aportado nuevas investigaciones basadas en estudios toxicológicos y de dosis-respuesta, clasificando como evidente el efecto carcinogénico de las dioxinas sobre los seres humanos expuestos a bajas dosis.

Otros estudios publicados en el Journal of Epidemiology and Community Heath en 2003, han mostrado un exceso de riesgo de tener hijos con malformaciones congénitas, o nacidos muertos de madres que viven en las inmediaciones de incineradoras. Los resultados se basan en un análisis de nacimientos que tuvieron lugar en la región de Cumbria, en el noroeste de Inglaterra, entre 1956 y 1993. La cercanía a las incineradoras se asociaba a incrementos en los nacidos con espina bífida, defectos cardiacos congénitos y anencefália. Los efectos de bajas dosis de dioxinas mantenidas a largo plazo también provocan alteraciones de la función de las hormonas sexuales, de la inmunidad, efectos teratógenicos y de la maduración. Ha sido descrito el mecanismo por el que las dioxinas actuarían en el organismo a nivel intracelular (receptores Ahr).

Es preciso conocer que los efectos de las dioxinas sobre la salud son insidiosos a largo plazo y la demostración de la existencia causa-efecto necesita estudios epidemiológicos rigurosos y complejos que pueden requerir varias generaciones. Este hecho facilita la divulgación de ideas que ponen en duda la gravedad de la toxicidad de las dioxinas. Una de las falacias más comunes es que las incineradoras modernas no producen dioxinas. Se propone que la incineradora de Viena, famosa por el turismo de incineradora que protagoniza, no produce dioxinas. Nada mas lejos de ser cierto. Por la información publicada de datos oficiales, la incineradora de Viena produce dioxinas en una cantidad de 10,973 gramos / año. Debido a su sistema de filtros, la mayor concentración aparece en las cenizas. La importancia de estos residuos es grande teniendo en cuenta que las dioxinas son compuestos estables y acumulativos y que de esas características se deriva en gran medida su toxicidad. También es de recordar que el Convenio de Estocolmo es un acuerdo internacional para la eliminar la producción de este tipo de compuestos. Sin duda, gran parte de la información que ha reflejado la prensa en torno a lo saludable de la incineradora de Viena elude uno de los problemas mas importantes en el proceso de incineración: los residuos generados. Estos residuos son muy ricos en dioxinas, furanos y otros contaminantes estables, así como en metales pesados. La eliminación de estos residuos altamente peligros para la salud y el medio ambiente no esta bien resuelta.

Ejemplo mas cercano de incineradora moderna, inaugurada en 1996, es la de Valdemingómez, en Madrid, objeto de una querella de la Fiscalía de Medio Ambiente y que en el año 2001 hubo de ser paralizada temporalmente por la alta emisión de gases y un incremento de 15 veces los niveles de dioxinas y furanos permitidos. No solo es falsa la idea de que las incineradoras modernas son inocuas, sino que el control que requiere el proceso y el gasto que supone deben ser seriamente considerados.

Dado que las dioxinas y furanos que se producen en los procesos de incineración son contaminantes estables y persistentes y que al no eliminarse tienden a acumularse y a generar toxicidad con dosis bajas, el concepto de niveles de seguridad carece de sentido. No hay niveles que puedan ser considerados como seguros. El 80% de las dioxinas que nos afectas son consumidas en productos de origen animal como parte de la cadena alimenticia. La Unión Europea establece, como orientación para consumo humano, no rebasar cantidades de dioxinas de 1 picogramo (billonésima parte de un gramo) por kilo de peso corporal al día. Esta forma de medir la cantidad de dioxinas, en términos de consumo diario, o semanal, señala el importante riesgo de acumulación.

Además de los efectos para la especie humana que generan los deshechos de las incineradoras, también son considerables los efectos para el medio ambiente. La producción de CO2 y de gases del efecto invernadero provocan un conflicto con el tratado de Kioto. La eliminación de partículas finas a la atmósfera, de menos de 2,5 micras en cantidades importantes puede provocar efectos sobre la salud de colectividades humanas en un amplio radio de acción.

Las incineradoras no pueden ser la alternativa al importante y complejo problema de la gestión integral de residuos. No es posible, en este marco, hacer un planteamiento alternativo riguroso, pero el problema de la gestión de residuos y cenizas de muy alto poder contaminante y los efectos sobre la contaminación atmosférica obligan a pensar alternativas. Es necesaria la implicación en este debate de técnicos en ingeniería medioambiental.

Mas de 1200 científicos, profesionales de la salud y del medio ambiente y de la enseñanza, de diversas instituciones europeas, de la Unión Europea y de la Organización de Naciones Unidas, sin intereses en las grandes inversiones que las incineradoras conllevan, se han pronunciado sin ninguna ambigüedad acerca de los efectos nocivos de las incineradoras sobre el medio ambiente y sobre la mortalidad y morbilidad poblacional, presionando a los gobiernos y exigiendo el cumplimiento del los compromisos firmados en el Convenio de Estocolmo. Hay soluciones alternativas, pero requieren la voluntad industrial y política de acometerlas.

RESOLUCIÓN DE LA COMISIÓN EJECUTIVA DE CC.OO. DE ASTURIAS SOBRE LA GESTIÓN DE RESIDUOS

COGERSA (Consorcio para la Gestión de los Residuos Sólidos de Asturias) aprobó a finales del pasado año la construcción de un horno incinerador para quemar residuos con aprovechamiento para la generación de energía eléctrica, fundamentando la decisión en la necesidad de dar una solución al fin de la vida útil del vertedero de Serín, calculada hasta el año 2015 conforme al Plan de Viabilidad.

Durante estos meses, desde COGERSA y el Gobierno Regional se ha desarrollado una campaña destinada a convencer (no a debatir) al conjunto de la sociedad asturiana de las supuestas bondades de esta solución, concluyendo con la realización de un viaje a París y Viena de algunos cargos municipales y asociaciones afines como refuerzo de la misma.

En esta campaña se han obviado las directrices políticas emanadas de la UE (Unión Europea) desde el Sexto Programa Comunitario de Acción en materia de Medio Ambiente (“Medio Ambiente 2010: el futuro está en nuestras manos”), que señala como una de las áreas de actuación política: “la gestión de los residuos conforme a los siguientes principios básicos: reducción del volumen de residuos generados, optimización del reciclado y reutilización, y eliminación segura”, el orden no es caprichoso y está enfocado en primer lugar a minimizar los mismos, a un aprovechamiento más racional de los materiales y de la energía necesaria utilizada para su fabricación y posterior tratamiento; en último lugar está la “eliminación segura”. Estas directrices han sido plasmadas en directivas europeas, la legislación y planes nacionales, así como en el propio plan autonómico.

También se ha tratado de ocultar el fracaso de COGERSA y el Gobierno Regional en la consecución de estos objetivos, con un incremento sostenido de los residuos generados (484.997 tm/año en el 2003 ) y muy poco avance en materia de recogida selectiva (39.238 tm/año, sólo un 8,09% ), sin incluir compostaje y reciclado de los que no hay datos.

La construcción del horno incinerador de residuos supone:

• La liberación al aire y al suelo de nuevos contaminantes (dioxinas, furanos, etc.), añadidos a los que ya contienen las basuras, y con un mayor peligro para la salud humana.
• Una gran inversión con poco volumen de empleo.
• Un incremento del coste de gestión derivado de la inversión, los costes de mantenimiento; así como la inevitable gestión de los residuos generados en la incineración, ya que lo que no se vierte en forma gaseosa a la atmósfera tiene que seguir yendo al vertedero.

Por otra parte, la capacidad de incineración de la planta (421.930 tm/año, un 87% de los vertidos en el 2003) supone, en la práctica, la renuncia a mejorar las cifras de recogida selectiva, compostaje y reciclado actuales, o la posibilidad de traer residuos de otras comunidades autónomas para aprovecharla en su totalidad.

Recientemente se ha anunciado un acuerdo de los grupos en la Junta General de PSOE e IU para solicitar la paralización de la licitación, prevista inicialmente para próximo mes de julio, y la apertura de un debate; este anuncio parece que está motivado más por el coste político que pudiera tener para el PSOE en las próximas elecciones autonómicas y locales por la oposición de IU, PP y varias organizaciones sociales, que por una reconsideración de la misma a favor de una gestión sostenible de los residuos, cómo evidenciaron las posteriores declaraciones del Consejero de Medio Ambiente y del Gerente de COGERSA; por lo que es previsible que tras los procesos electorales tengan la intención de reanudar el proyecto de construcción de la incineradora.

En cualquier caso, recibimos con agrado la apertura de un debate y la búsqueda de un mayor consenso social, otro de los principios rectores de las políticas medioambientales de la Unión Europea, y deseable en la elaboración y puesta en práctica de cualquier política a desarrollar por los poderes públicos.

Por todo ello, desde CC.OO. de Asturias, manifestamos nuestro rechazo a la construcción de la incineradora, asi como anunciamos nuestra participación en este debate público en defensa de una alternativa más racional, eficiente y sostenible de gestión de los residuos, en el que la disminución en su generación, el aumento de la recogida selectiva, la recuperación y el tratamiento apropiado para su reciclaje, sean los fundamentos de un modelo en el que también se combinen: una mayor creación de empleo, un menor coste económico y la reducción de la contaminación ambiental.


Oviedo, 22 de febrero de 2006
Comisión Ejecutiva Regional de CC.OO.